¿Alguien me echaría de menos?
¿Es que a caso le importo a alguien?
Oh, vaya, he olvidado mi nombre...
¿Donde estoy?
Hace...
Mucho...Frío...
Tirito, abrazando mis piernas, mientras el oleaje me arrastra mar adentro, en aquella pequeña balsa. Mi cuerpo es frágil y menudo, se estremece con cada crujir de la madera, con cada roce del agua al salpicar en el choque.
Todo esta en silencio, exceptuando por el suave sonido de las gaviotas y de la marisma. Abro los ojos, grises cómo el hielo, y miro al cielo. Las nubes negras empiezan a apoderarse de todo, haciendo que se levante un espantoso vendaval, que agita más y más fuerte con sus olas furiosas mi balsa. Vuelvo a acurrucarme, bajo una manta descosida.
¿Servirá esconderme?
¿Que hago aquí?¿Quien soy?
¿Donde estoy?
¿Por que?
Por mi mente se pasan las finas y dulces imágenes de una mujer y un hombre sonriendo. Mis padres. ¿Donde están? ¿Que ha pasado? ¿cómo he llegado a estar en mitad del mar?
Los recuerdos empiezan a fluir, golpeando mi corazón cómo hachazos; estaba en mi habitación, con el ordenador, cuando mi madre comenzó a chillar. Bajé corriendo, para ver que pasaba. Mi padre le empujaba contra una pared y le pegaba, mientras ella gritaba desconsolada. Recuerdo haber cogido mi mochila, haber metido mis comics, mis libros, la psp, el móvil y el portátil. Después había salido corriendo. ''¡No te vayas! ¡Esto terminará pronto! ¡Estaremos bien!'' Había chillado mi padre al oír el portazo, pero ya era tarde. Todos los días la misma historia. Ellos peleándose. La vez anterior mi madre le había hecho una brecha en la cabeza, ahora él se vengaba. Siempre era igual, hasta que uno de los dos no aguantase más, pero nunca habían contado con que era yo el que no aguantaba más allí.
Me había dirigido con velocidad al puerto, y me había subido a la balsa que construimos James y yo días atrás. Era de madera de abeto, pequeña, hecha con tablas desiguales y clavos oxidados. Me había tapado con la vieja manta que pensábamos usar de vela y me había dormido. Al despertar me hallaba aquí, en mitad de ninguna parte, bajo una despiadada tormenta de verano.
Me siento, con cuidado, y miro al horizonte. Solo se ven olas enormes que se dirigen hacia mi: estaba perdido. Abrazo con fuerza mi mochila y espero lo inevitable. Una ola de ocho metros golpea la balsa, volcándola. Caigo al agua sin posibilidad alguna de agarrarme a algún lado. Salgo a flote gracias a la mochila y observo los restos de lo que iba a ser un barco de vela, para las carreras escolares de verano. James iba a matarme, bueno, no. Ya lo estaba.
Las olas me arrastran y me sumergen bajo el agua, una y otra vez, haciéndome chillar, tragar agua. El miedo va apoderándose de mi. Nado cómo puedo, cada vez que me hundo en aquel infierno, intentando respirar, pero no sirve de nada. Me arrepiento de todo, de haberme ido de casa, de haberme subido a la balsa, pero sobre todo, de no haber ido a natación. Sigo intentando salir de allí, pero el vendaval cada vez es más potente. Las olas alcanzan los diez metros, supongo. En realidad no tenía ni idea, seguramente exageraría por el miedo. ''Que no cunda el pánico'' Suena en mi cabeza la voz del profesor de matemáticas, recordando la frase más importante en caso de emergencia. Intento hacerle caso y vuelvo a salir a la superficie, peleándome con la parca, que me agarra de las piernas, intentando arrastrarme al fondo, bajo sus frías y oscuras garras.
––¡¡Ayuda!!––grito al oír la sirena de un barco.
Busco el sitio del que proviene, pero no encuentro nada. Me giro para mirar hacia atrás, y el miedo vuelve. Un trasatlántico se sitúa a unos quinientos metros de mi. A duras penas me pongo la mochila a la espalda y comienzo a nadar. Me subo a una tabla de madera, cómo si fuese una tabla de surf, y nado en dirección contraria a la ola mas cercana. La fuerza de esta me hace subir a su cresta, alejándome de aquel barco gigante que pretendía aplastarme. Suspiro, alegre, pero entonces la ola se rompe y vuelvo a caer, sumergiéndome. Vuelvo a salir a flote, pero algo roza las plantas de mis pies, desnudas, pues había decidido quitarme las zapatillas. Comienzo a patalear, desesperado, sabiendo que era mi fin. Lo siguiente fue un dolor espantoso. Algo me había mordido la pierna derecha y el agua se había enrojecido. Un tiburón, cómo no: es mi fin. De pronto todo se torna negro, tintado del rojo de mi sangre, y cierro los ojos, agotado.
***
Nathaniel Alexander Helfset, un joven de diez años ha desaparecido en la localidad australiana de Sidney, tras una de las múltiples peleas de sus padres. Algunos testigos aseguran haberle visto meterse en una balsa inservible, que preparaba el joven para las carreras de barcos de vela de este verano. Los padres del joven han sido detenidos por irresponsabilidad y mantener desatendido durante años al niño. La posibilidad que barajan ahora mismo los expertos es que, con el vendaval, el amarre de la balsa se soltó y el joven fue arrastrado mar adentro. Seis barcos de la policía han salido en su búsqueda, ayudados por varios barcos pesqueros. Seguiremos informándoles aquí, en canal tres.