Cielo y estrellas era lo único que se podía ver desde aquel lugar. Observé a mi acompañante, ella también estaba inmersa en la lectura del firmamento, pero… ¿Qué leía ella? ¿A caso sentía lo mismo que yo? Una luz se apagó. Me miró con sus bellos ojos marrones.
-¿Qué ha pasado?
-Que una estrella se ha apagado.
Ella me abrazó muy fuerte. El calor y la tranquilidad que desprendía me hicieron estremecer. Me volvió a mirar con aquellos ojos tan brillantes y besé su mejilla.
-Seis meses…-Susurré-¿Te parece suficiente para saber que te quiero?
Me mostró su dulce sonrisa y la besé con pasión e intensidad, pero con dulzura. Acaricié con las yemas de los dedos de mi mano derecha su perfecta cara, notando la respiración de cada uno de los poros de su piel. Me separé lentamente y pude ver como la tez blanca de su rostro reflejaba la luz lunar. Era preciosa.
-Sí-Contestó-Es más que suficiente para saberlo… pero quiero estar siempre contigo.
-Y yo contigo. A veces odio tener quince años-Ella me observó buscando las respuestas que iba a darle-Nadie te deja hacer nada y dicen que eres demasiado mayor para el mundo infantil y demasiado joven para el mundo adulto… y no solo eso. Tú vives a cuatrocientos sesenta kilómetros de mí y no puedo verte mucho. Muero cada vez que te oigo llorar por teléfono o simplemente cuando se que estas triste…
Noté como mi camiseta se mojaba y supe que ella estaba llorando. Maldije las palabras, como cada vez que la hacía emocionarse, sus ojos derramaban lagrimas y yo me culpaba.
-Perdón-Le susurré a su oído volviéndola a abrazar.
-Da igual… prometo que terminara todo ¿Vale? Estaremos juntas para siempre…
La volví a mirar y sonreí, sin poder evitar las lagrimas.
-Te echo tanto de menos cada vez que te vas…
-Lo se, yo a ti también-Suspiró entre sollozos.
-¿No podemos hacer nada aún verdad?
-Tu no, yo si.
La miré, sabía perfectamente a que se refería. Yo no quería que ella se viniese a vivir dejando a tras todo lo que tenía pero… a la vez deseaba que lo hiciese con unas fuerzas increíbles.
-No puedes hacerlo-Miré las estrellas-Tu adoras la playa, aunque no sea para bañarte.
-Ya lo se, pero tu adoras la montaña y yo iré a donde tu vayas ¿Vale? Eres lo mas importante para mi.
Volví a besarla y suspiré. Era tan difícil todo esto. Encima mis padres no sabían nada ¿Qué dirían cuando se enterasen? No creo que me permitiesen estar con ella.
-¿Y mis padres? ¿Qué dirán si te vienes a vivir? Les parecerá raro.
-Algún día tendrás que contárselo…
-Lo se, pero todavía no, es pronto ¿Vale? Buscaremos otra solución. Cuando yo cumpla los dieciocho nos iremos de aquí.
Nos levantamos lentamente y nos agarramos de la mano, andando en dirección al pueblo, alejándonos de aquella colina que guardaría para siempre las palabras dulces que se acababa de llevar el tiempo, escondiendo el amor entre ella y yo.
-¿Qué ha pasado?
-Que una estrella se ha apagado.
Ella me abrazó muy fuerte. El calor y la tranquilidad que desprendía me hicieron estremecer. Me volvió a mirar con aquellos ojos tan brillantes y besé su mejilla.
-Seis meses…-Susurré-¿Te parece suficiente para saber que te quiero?
Me mostró su dulce sonrisa y la besé con pasión e intensidad, pero con dulzura. Acaricié con las yemas de los dedos de mi mano derecha su perfecta cara, notando la respiración de cada uno de los poros de su piel. Me separé lentamente y pude ver como la tez blanca de su rostro reflejaba la luz lunar. Era preciosa.
-Sí-Contestó-Es más que suficiente para saberlo… pero quiero estar siempre contigo.
-Y yo contigo. A veces odio tener quince años-Ella me observó buscando las respuestas que iba a darle-Nadie te deja hacer nada y dicen que eres demasiado mayor para el mundo infantil y demasiado joven para el mundo adulto… y no solo eso. Tú vives a cuatrocientos sesenta kilómetros de mí y no puedo verte mucho. Muero cada vez que te oigo llorar por teléfono o simplemente cuando se que estas triste…
Noté como mi camiseta se mojaba y supe que ella estaba llorando. Maldije las palabras, como cada vez que la hacía emocionarse, sus ojos derramaban lagrimas y yo me culpaba.
-Perdón-Le susurré a su oído volviéndola a abrazar.
-Da igual… prometo que terminara todo ¿Vale? Estaremos juntas para siempre…
La volví a mirar y sonreí, sin poder evitar las lagrimas.
-Te echo tanto de menos cada vez que te vas…
-Lo se, yo a ti también-Suspiró entre sollozos.
-¿No podemos hacer nada aún verdad?
-Tu no, yo si.
La miré, sabía perfectamente a que se refería. Yo no quería que ella se viniese a vivir dejando a tras todo lo que tenía pero… a la vez deseaba que lo hiciese con unas fuerzas increíbles.
-No puedes hacerlo-Miré las estrellas-Tu adoras la playa, aunque no sea para bañarte.
-Ya lo se, pero tu adoras la montaña y yo iré a donde tu vayas ¿Vale? Eres lo mas importante para mi.
Volví a besarla y suspiré. Era tan difícil todo esto. Encima mis padres no sabían nada ¿Qué dirían cuando se enterasen? No creo que me permitiesen estar con ella.
-¿Y mis padres? ¿Qué dirán si te vienes a vivir? Les parecerá raro.
-Algún día tendrás que contárselo…
-Lo se, pero todavía no, es pronto ¿Vale? Buscaremos otra solución. Cuando yo cumpla los dieciocho nos iremos de aquí.
Nos levantamos lentamente y nos agarramos de la mano, andando en dirección al pueblo, alejándonos de aquella colina que guardaría para siempre las palabras dulces que se acababa de llevar el tiempo, escondiendo el amor entre ella y yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario